Como señalan desde la consultora Ocean Infrastructures Management, el principal desafío para los próximos años será sostener ese liderazgo en un contexto de desaceleración del tráfico y de profundas transformaciones regulatorias, tecnológicas y energéticas.
El retroceso del 0,7% en las mercancías movidas hasta octubre de 2025 refleja el impacto de la incertidumbre global sobre el comercio marítimo. Sin caídas bruscas, pero con una clara pérdida de impulso, este comportamiento obliga a los puertos a revisar estrategias y a reforzar su capacidad de adaptación. En este sentido, la diversificación del tráfico emerge como una prioridad. Durante décadas, muchos enclaves han dependido de un único tipo de actividad, una especialización que hoy se revela vulnerable ante cambios abruptos del mercado o de las cadenas de suministro.