Los objetivos europeos de descarbonización han llegado también al mar y mantienen al sector con un alto grado de inquietud. Las buenas intenciones de la norma sobre el control de emisiones de CO2 presenta una cruz: la amenaza de una probable relocalización de rutas marítimas hacia puertos no europeos y, por tanto, no sujetos a la estricta normativa de control de gases de efecto invernadero que, en 2026, no sólo afectará al dióxido de carbono, sino también al óxido nitroso y al metano.